Esculturas en Vidrio
Mis piezas en vidrio: técnica, motivación e inspiración. El vidrio me cautivó. Sus características lo hacen intrigante y poético, me permite expresar de una manera casi mágica mi espiritualidad y belleza sin búsqueda de perfecciones ni condicionamientos. Esa espiritualidad y belleza que poseemos todos y cada uno de los seres humanos y que expresamos a través de distintos lenguajes, igualmente puros, ingenuos y sin tapujos.
Además, su brillo y luminosidad nos hablan de su permanencia, de su luz y de su sabiduría. Como el arte, se compone y se descompone. Sus moléculas, tratadas cual dios creador, mutan, se desintegran y se vuelven a integrar, sí, se reordenan bajo un proceso de calor, cual abrazo imperturbable de los tiempos, obteniendo magníficas piezas únicas, irrepetibles, cambiantes, etéreas, que admiten todas y ninguna crítica, que son incopiables, otra vez, como nuestra esencia humana y divina, cual teorema de unicidad matemático, que lo que es vuelve a ser una y otra vez, como paradigma existencial del verdadero ser.
El fuego, ese dios de esta y otras culturas, el calor abrasador, fuerza de la naturaleza, que todo lo puede y sin el cual, el crudo frío nos paralizaría, también encanta al vidrio, lo hace danzar, vibrar, moverse y permanecer. Lo embellece, lo deja expresar y acompaña nuestra creación, donde todos somos dioses y artífices de nuestro destino.
Como corolario, nuestro medio ambiente perdura, no se ve modificado ni invadido, amigablemente coexiste con el cosmos, con la historia, con los ancestros, que ya desde los egipcios, la técnica de fusionar vidrios, la vitrofusión, viene dejando su silencioso mensaje de trascendencia más allá del arte, del artesano, del objeto y su función.
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El vidrio nos habla, su origen también. Los vidrios que utilizo son puros, de lugares lejanos, de casas con historia y con pasión, de lenguas extranjeras y universales. Los metales -el oro y la plata, y los atrevidos -el acero, nos deleitan desde las canteras de la naturaleza, que no reconoce límites ni fronteras en nuestra tierra.
Nuestra historia, nuestra cultura nos identifica, ya desde seres únicos, ya desde nuestra cuna, sin importar la técnica, el material o la creación, pertenecemos a ella y la paz con nuestras raíces nos da libertad, nos deja volar, vibrar, acomodarnos en el mundo sin vanidades ni vergüenzas …
Tango, candombe, poesía, carnaval y llamadas… Hago colecciones con historia, con nombre propio, con identidad cultural de mi tierra, de mi lugar y de mi origen. Me recuerdan a mi madre, a mi familia, y a sus historias, que tanto escuché y viví,… y a las mías.
Mis joyas te cuentan una historia, su historia, mi historia.
La belleza de todos los seres humanos es innegable, y todos incluye a todos! ¿Acaso una joya, esta joya, será el marco perfecto de la humana belleza interior o simplemente será el reflejo brillante del alma en el estanque de la vida?
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